Hoy os propongo una receta con uno de los frutos otoñales por excelencia: los membrillos. Es verdad que crudos son prácticamente incomestibles, pero si nos paramos a cocinarlos nos encotramos con un fruto sabroso, ligero (tiene muy pocas calorías) y apto para un montón de preparaciones culinarias: mermeladas, dulces de membrillo, jaleas, membrillo en almíbar,.. La tarta que os traigo hoy fue un poco un experimento, un “a ver qué sale” y, quizá por eso, nos dejó tan sorprendidos: ¡estaba buenísima!, quizá, una de las tartas más ricas que he hecho ultimamente. Estamos en época de membrillos, los encontraréis buenísimos… ¡os animo a que los probéis de esta forma!, os van a encantar. Ahí va la receta..

Elaboración:

  1. Preparamos un molde de 22 cm. de diámetro, papel de hornear y leguminosas secas.
  2. Comenzamos a elaborar la masa quebrada tamizando la harina en un cuenco. Añadimos la mantequilla troceada, el azúcar en polvo, el huevo y la sal, y mezclamos con la mano todos los ingredientes. Cuando obtengamos unos finos grumos comenzamos a amasar en una superficie hasta obtener una masa perfectamente lisa. La envolvemos en papel transparente y la dejamos reposar en el frigorífico, al menos, una hora.
  3. Extendemos la masa ya fría con un rodillo y la colocamos en el molde, que habremos untado con mantequilla previamente. Si la masa se separa o se rompe la uniremos y recolocaremos de tal forma que el molde quede perfectamente cubierto con una capa con cierto grosor y bien adherida. Recortamos la masa sobrante de los bordes con un cuchillo bien afilado.
  4. Pinchamos la masa varias veces con un tenedor y la cubrimos con papel de hornear o de plata. Colocamos encima un buen puñado de leguminosas secas (garbanzos, habas,..) y la horneamos durante 30 minutos en el horno precalentado a 180 ºC.
  5. Una vez fuera, dejamos enfriar ligeramente el fondo de tarta y retiramos el papel y las leguminosas.
  6. Pasamos a preparar el relleno. Limpiamos los membrillos con un paño húmedo y los pelamos eliminando generosamente la piel. Los partimos en cuartos y extraemos el núcleo con las semillas. Cortamos la pulpa en dados de 1’5 cm aproximadamente, regándolos inmediatamente con el zumo del limón para que no se oscurezcan.
  7. Introducimos las peladuras y los núcleos en una olla grande y los hervimos, dejándolos unos 25 minutos a partir de que entre en ebullición el agua.
  8. Colamos el zumo formado a partir de las peladuras y núcleos y lo echamos en otra olla junto con la pulpa troceada y el azúcar. Lo dejamos hervir a fuego no muy fuerte hasta que la pulpa esté tierna aunque consistente. Lo retiramos del fuego, escurrimos los trozos de membrillo y los dejamos enfriar.
  9. Reducimos fuertemente el líquido sobrante de la ebullición del membrillo junto con el vino blanco.
  10. Ponemos la gelatina a remojo en agua fría durante unos 3 minutos. Separamos medio vaso de líquido mezcla de zumo de membrillo y vino y le añadimos la gelatina, previamente exprimida y escurrida. La deshacemos en ese líquido y agregamos éste al resto. Lo mezclamos bien y dejamos enfriar pero sin dejar que se gelatinice.
  11. Depositamos los frutos del membrillo ya fríos sobre el fondo de la tarta, ya fría también, y los regamos con el gelatinizante líquido. Dejamos enfriar y servimos.

Sólo añadir que, si os apetece, podéis servir la tarta acompañada con nata montada. Puede ser un buen complemento que añada más dulzor a postre, si os gustan muy dulces. Personalmente creo que la tarta lleva suficientes azúcares que enmascaran el sabor acidulado del membrillo, y no le hace falta más. Pero bueno, os lo digo porque para gustos, colores. ¡Hasta pronto!

Encar