Las pastas que os presento hoy las conocí el pasado verano durante una ruta que hicimos por Asturias. Esta bellísima comunidad autónoma tiene una gastronomía excelente, y su repostería tradicional es generosa y exquisita. Vayas donde vayas, te encuentras alguna delicia que probar, y estas marañuelas, que son de un precioso pueblo de mar llamado Candás (otras zonas tienen las suyas propias), están más que ricas, ¡riquísimas!. Nos encantaron a todos, y  allí mismo nos comentaron los ingredientes que llevaban, y alguna explicación genérica sobre a elaboración… Pensé que tenía que hacerlas en cuanto tuviera ocasión, ¡estaban buenísimas!, así que hace un par de semanas empecé a bustar la receta, pero no logré encontrar ninguna que se ajustara a lo que me habían indicado. Hasta que me topé con un libro de 1970, “El libro de oro de la cocina española”, donde encontré lo que, yo creo, es la receta que más se adapta. De verdad os animo a hacerlas, pues no son muy complicadas como veréis. Lo único que da algo más de trabajo es hacer las formas de las pastas, ya que la masa es delicada y se quiebra facilmente, nada que no solucione un poco de paciencia. Aquí os la dejo, ¡espero que os guste!

Elaboración:

  1. Cocemos la mantequilla durante unos minutos una vez que entre en ebullición. La dejamos templar y la colamos.
  2. En un bol batimos la mantequilla cocida con el azúcar hasta que se forme una fina crema.
  3. Añadimos el zumo del limón, el anís, los huevos, las yemas y un pellizco de sal, y seguimos batiendo hasta que se mezcle todo bien.
  4. Agregamos poco a poco la harina hasta formar una pasta que se pueda trabajar con las manos. Pasamos a amasar hasta dejarla fina y que no se pegue a las manos.
  5. Formamos cordones de masa y les damos diferentes formas, de ocho, de trenza, de espiral, ..
  6. Colocamos sobre una placa o bandeja de horno engrasada o forrada con papel sulfurizado, y las cocemos en el horno precalentado a 180 ºC durante 25- 30 minutos.

Sólo una anotación. Como véis, las mías no están muy doradas y, aunque mi poca habilidad con la cámara ayuda a decolorarlas, realmente tampoco quise cocerlas demasiado por miedo a que quedaran muy duras. Y la verdad, la textura quedó perfecta, se desacían en la boca fácil y agradablemente. Pero bueno, si las queréis más doradas, creo que con 2-4 minutos más de horno sería suficiente. Que las disfrutéis, ¡hasta pronto!

Encar